carta abierta a todas mis heridas cerradas

carta abierta a todas mis heridas cerradas

Otra vez recorriendo el bosque en tinieblas que soy yo, que es mi mente. Llevo tanto tiempo sin pasar por aquí que ya no hay sendero, es todo maleza, tengo que ir apartando todas las telarañas, me enredo con las espinas como lazos del diablo que me asfixian y se me llenan las manos de rosas marchitas a las que sólo mi sangre les devuelve el color rojo.
Como siempre huele a hierro, siempre en mí huele a hierro, supongo que mi supuesta dureza viene de ahí. También huele a quemado, y no se por qué; sigo abriéndome camino entre nudos de sauce que ya no tienen a quién llorar, voy encontrando todos mis cadáveres a mi alrededor, astas de ciervo unidas a cráneo de ciervo que no sobrevivió a esta inanición en la que dejé a mi alma.
 
Este bosque siempre había vivido en un eterno atardecer y ahora es todo noche cerrada sin luna, me envuelve la bruma como si fueran todas las dudas que siempre aparté por no saber responder, me quedé sin fuerzas para seguir manteniendo este bosque puro, lo único puro que quedaba en mí, y lo convertí en mi vertedero.
También huele a sal, siempre huele a sal, lágrimas que antes fueron curativas ahora abrasan como el fuego, como ese fuego que huele y no sé dónde está.
Oigo el aullido lastimero de los lobos famélicos que me van rodeando en la oscuridad y no se atreven a lanzarse a mi cuello; tantísimo miedo da mi interior.
 
Cuanto más cerca estoy del fuego más frío me envuelve, se me van congelando las lágrimas y suenan como cristales rotos cada vez que caen al suelo, voy descalza, me voy tiñendo de rojo.
Más cerca del fuego, más frío, más rojo.
Y de repente todo es luz, todo el rojo sangre ahora es rojo fuego, estoy más y más cerca, estiro mi brazo lleno de arañazos, de hierro y de flores muertas, estiro mi brazo y toco el fuego, y yo también soy fuego, y acarició las plumas del fénix mientras muere, y el fuego somos los dos, y el fuego es el bosque, y el aullido de los lobos resuena atronador mientras se abrasan, todo el bosque es rojo, el cielo es fuego, el otro lado de la luna es el sol.
Todo es ceniza, el fénix murió y esta vez no resurgirá.
El roble no sobrevivió a mi incendio,
tampoco quiso.

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