no hace mucho, no muy lejos.

no hace mucho, no muy lejos.

Silencio y dolor es lo que te acompaña en estas cinco horas de exposición, cinco horas si, como yo, no quieres perderte nada de lo que estás viendo, te paras a escuchar detenidamente lo que te va diciendo la audio guía, intentas leer cada panel, ver cada vídeo, cada imagen y cada objeto expuesto, y te tomas tu tiempo para procesar tanta información
 
En mitad de la Castellana un pequeño gigante trozo de historia, quizás seguro que uno de los trozos más desoladores, se abre camino para enseñarnos que algo tan espantoso no fue fortuito, ni de la noche a la mañana, y mucho menos que no pueda volver a ocurrir. Porque los humanos somos expertos en tropezar una y otra y otra vez con la misma piedra, y es necesario informarse, no dejar que el tiempo haga olvidar, recordar aunque duela toda esta atrocidad.
Esta exposición es un recorrido por aquellos fatídicos años en los que ser judío era sinónimo de dolor, muerte, persecución, incomprensión. Y es que si algo nos ha enseñado la historia es que no hay nada que una más al ser humano que encontrar un enemigo común, y no hay nada que haga ganar más adeptos a un líder que la falsa promesa de la seguridad. Aquí nos encontramos con un largo camino que empieza con el final de la Primera Guerra Mundial, y continúa con la creación del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, la llegada de Hitler al liderato de dicho partido, la instauración del Tercer Reich y todos los horrores que vinieron después. Es escalofriante ver cómo todo eso iba adquiriendo forma, ver como ese hombre era sinceramente alabado por tantísima gente, como se leía en las caras de esa gente la esperanza, el pensar que una Alemania mejor era posible, que un mundo mejor era posible, pero para eso eran muchos los que tendrían que morir. 
 
Y así llegamos a Auschwitz con el corazón encogido, con un nudo en la garganta, con el desconcierto que llegaba allí en esos trenes hacinados durante horas para encontrarse con que su futuro ya no sería suyo nunca más.

 

 

 
Entiendo que mucha gente no quiera acudir a exposiciones así por no querer hacer frente a un sufrimiento que sienten que no les pertenece, por no alimentar el morbo que rodea a algo tan macabro, pero para mí, que siento que soy muy ignorante en muchos sentidos, es una importantísima oportunidad de aprender no sólo con la mente, sino con el corazón, ver todo este horror, escuchar a los supervivientes, ver que todavía tienen un mensaje de esperanza que lanzar al mundo, significa calar en mí un mensaje mucho más valioso. Y a veces es necesario enfrentarse al sufrimiento ajeno para afrontar el propio. En cuanto al aspecto del morbo, esta exposición es respeto, aprendizaje y humanidad. (No deja de parecerme macabro que haya gente haciéndose selfies con según que cosas y en según qué situaciones pero eso ya va en la conciencia de cada uno.)
 
En definitiva, no os diré que esta exposición es necesaria, pero sí muy recomendable, quizás peca de ser excesivamente larga pero merece la pena; os dejo la página web por si queréis sacar vuestras entradas, todavía tenéis bastante tiempo ya que la exposición se acaba el diecisiete de junio, y como consejo, aunque yo fui un lunes para aprovechar el descuento del día del visitante, no se si merecería más la pena ir cualquier otro día con más tranquilidad, porque había muchísima gente. También os recomiendo coger la audioguía que por tan sólo un euro más merece bastante la pena. 
 

 

 
Y recordad que no hace mucho, no muy lejos, miles de personas eran asesinadas por el único pecado de creer en algo distinto a alguien que se creía con la superioridad moral de designar lo que era buenaoy lo que era malo. Y recordad que no es tan difícil que algo así vuelva a pasar, que no hay que olvidarse nunca de la memoria colectiva.

2 comentarios sobre “no hace mucho, no muy lejos.

  1. Jo, Laura me ha encantado.
    Todo, el respeto desde el que escribes, el sentimiento… siempre me ha encantado como te expresas, vaya.
    Quiero ir, quiero verlo y aprender y reflexionar sobre este acontecimiento tan y tan oscuro de nuestra historia y cruzo los dedos bien fuerte para que no se repita.

    ¡Un besazo enorme!

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