Reset

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Si me dejas te cuento un secreto, no me atrevo a agarrar la guitarra,

la otra noche escribí una canción que no hablaba de nada.

Costa de Oaxaca, Leiva.

Cuanto tiempo sin verme reflejada en el folio en blanco, en la pantalla en negro, cuánto tiempo sin preguntarme todo aquello que me da tanto miedo contestarme, cuánta vida perdida.

Casi un año sin volver a escribir, y unos cuántos años más sin hacerlo con sinceridad. Lo aplazo por el miedo, el miedo a no saber, a no ser lo suficientemente buena, o a no querer escuchar lo que me tengo que decir.

Me paso la vida huyendo de los espejos por miedo a lo que reflejen, por miedo a que se vea lo que hay dentro, por miedo a que estos ojos dejen ver el pozo sin fondo, el abismo, la nada que me va comiendo cada día desde dentro.

Más vieja y menos sabia cada día; pienso más, actúo menos, me arrepiento más, en bucle.

Estoy repitiendo demasiado las palabras porque ya no sé escribir, ya no se escupir y que quede bonito sin esforzarme, y ya no me apetece esforzarme, noventa y nueve por ciento trabajo, uno por ciento talento dicen; nunca supe aprovechar ese pequeño porcentaje, esa ventaja, la ventaja de saber vender el sufrimiento propio como si fuese ajeno.

Estructurar el pensamiento, redecorar el alma, fluir.

En definitiva, me paso la vida huyendo con la absoluta certeza de la estupidez, ya que de lo que intento huir siempre va conmigo, es tan utópico huir de uno mismo; quizá por eso es en lo que más empeño he puesto en toda mi vida, siempre me cautivaron los imposibles.

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