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Fernweh

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"La vida vuelve a empezar cuando refresca en otoño."
-F. S. Fitzgerald

Fue una noche de San Juan cuando todos mis futuros se aparecieron ante mí, eran las fiestas del pueblo y, con la valentía que a veces te otorga el alcohol y la inconsciencia de la juventud, le besé, lo deseaba desde hace tanto tiempo que me supo a tan poco, por suerte a él también y nuestros labios no consiguieron despegarse en toda la noche, ahí empezó el que siempre creí que fue el mejor verano de mi vida: días cortos paseando de la mano, no pudiendo contener las ansias de mantener nuestros cuerpos pegados, y noches largas arreglando el universo entre asalto y asalto.

Pero la primera lluvia del otoño se encargó de apagar nuestra llama, y todas sus promesas salieron volando, arrancándome de cuajo su voz y sus caricias, y hasta su forma de mirarme. Se esfumó, de la noche a la mañana se fue en busca de otros soles, de otra hoguera en la que cobijarse. Pasé muchas noches en vela intentando llegar a puerto en plena tormenta en alta mar, incluso preguntándome si de verdad había existido; cuando el temporal amainó sólo quedó en pie la nostalgia de todos aquellos sitios que prometimos visitar y a los que nunca podría acercarme sin que me entraran ganas de vomitar.

Fernweh: del alemán, sentir nostalgia de un lugar en el que nunca has estado.

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