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Releyendo Twilight (Crepúsculo)

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Así como Perdidos cambió transversalmente la forma de hacer series, una influencia que llega hasta el día de hoy; Crepúsculo lo hizo (a su manera) con la literatura fantástica juvenil, los años siguientes al boom de Bella, Edward y Jacob las librerías de todo el mundo se llenaron de decenas de libros con portadas oscuras y minimalistas y con un interior lleno de triángulos amorosos, y criaturas fantásticas reducidas a una versión doméstica de sus instintos salvajes. Por esto y otros motivos me parece un tremendo error restar importancia al éxito de ésta saga, que influenció a millones de jóvenes en todo el mundo y, al igual que, por ejemplo, Harry Potter, afianzó un hábito de lectura en muchas personas que si fuese por las lecturas obligatorias del instituto seguirían despreciando cualquier tipo de literatura.

Hace casi un año el mundo paró, nos obligó a parar, a mirar hacia dentro, nos encerramos en casa y atemorizados por un futuro incierto muchos nos refugiamos en un pasado confortable, es por eso que muchos de los libros que leí en el fatídico dos mil veinte fueron relecturas de novelas de mi adolescencia, y entre ellas Crepúsculo y todo lo que abarca; lo que empezó con la relectura conjunta del primer libro organizada por Javier Ruescas (quien en su época fue el adalid de este libro en España con esa fantástica web a la que todos los twilighters acudíamos cada tarde en busca de novedades) acabó para mí con la relectura completa de toda la saga (incluido el recién publicado en ese momento (la Meyer no es tonta): Sol de Medianoche) y con el revisionado de todas las películas.

Al contrario de lo que me pasa con la otra saga de la época por excelencia, la del mago de la cicatriz, que revisito cada año una y otra vez, hacía muchos años que no leía Crepúsculo y muchas de sus películas (sobre todo las últimas) sólo las había visto un par de veces en su momento, quizá es por eso por lo que me ha costado mucho menos leerlo con la mirada crítica con la que ahora miro el mundo, aunque las gafas de la nostalgia ayudaron bastante a apaciguar mi enfado. Crepúsculo es la definición de todo lo que está mal en el amor romántico, me sorprende tantísimo que hace años viera en Edward el hombre perfecto, el caballero en su blanco corcel que viene a salvar tu mísera existencia, me sorprende y me da esperanza: algo estamos haciendo bien si somos capaces de ver lo que está mal en lo que antes adorábamos. Edward es hiperprotector, posesivo, chantajista emocional y a la vez (por eso de que es un vampiro y tal) muy peligroso (de hecho "un amor peligroso" es el subtítulo de la novela), bebíamos los vientos (las del Team Edward) por un hombre/adolescente con el perfil claro de un maltratador y nos lo hacían pasar todo bien coladito por el filtro del amor eterno. Y las que fueran del Team Jacob tampoco se quedan atrás ya que el lobito llega hasta a besar a Bella en contra de su voluntad (WTF) y eso lejos de espantar a Bella le acerca un poco más a él, porque es verdad que el instinto de supervivencia de esta muchacha es absolutamente inexistente.

Pero Stephenie, como ya he dicho, no tiene un pelo de tonta, y por si dos seres sobrenaturales "de infarto" no fueran suficientes para atraparnos, nos pone de protagonista a una chica "mediocre" para que nos podamos identificar bien con ella y a la vez nos crezcan los complejos, patosa hasta el infinito (como si no hubiese otra manera de mostrar la debilidad de una persona, como buscando la excusa para que Edward no parezca un paranoico con su protección), tímida, callada, bastante introvertida, y lo que se supone un físico del montón (#vomito), y sin embargo en dos días ha hecho más amigos que casi yo en toda mi vida, unos amigos a los que acaba abandonando en cuanto Edward le hace casito (no hagáis eso, tá feo).

Y así tenemos el cóctel molotov que desata una guerra vampírica, con un anticlímax gigante: cuatro libros esperando una gran batalla que al final simplemente no ocurre, que incluso se la tienen que inventar en la película (con ese juego sucio que hicieron) para que no decaiga el ritmo. Traes a un montón de personajes nuevos para que se unan a la causa de los Cullen, que son más interesantes que cualquiera de tus protagonistas, algo que para mí acaba jugando en contra de la novela, ya que por si solos podrían colar pero en cuanto entra en escena más gente de este mundo sobrenatural y te sientes más atraída por ellos que por los protagonistas te empiezas a dar cuenta del sopor que son Edward y Bella.

No quiero que esto sea una crítica totalmente destructiva, a mí misma me ha costado quince años darme cuenta de todo esto, y no ha sido hasta verlo con una visión un poco más adulta que he podido darme cuenta, pero en su día disfruté este mundo como una enana, los devoré con el ansia de querer vivir algo así, y hoy en día he disfrutado muchísimo de este baño de recuerdos que parecen otra vida. Ahora ni loca querría vivir nada parecido, pero al fin y al cabo miró con cariño a la Laura que suspiraba por Edward, porque al fin y al cabo esa adolescente también era yo y todo lo que me compone. Podría seguir enumerando todo aquello que me parece tóxico en esta saga, pero mentiría si no dijera que me he vuelto a emocionar con algunas partes y que he devorado aquellas de las que no me acordaba apenas para descubrir su desenlace. Y entre tanto amor insano en mi opinión, hay un amor en estos libros que salvo y agradezco por encima de todo: el amor de la familia que forma Carlisle (el único personaje del que me gustaría seguir leyendo) partiendo de cero, una unión irrompible y más fuerte que cualquier historia romántica.

¿Y vosotros que habéis releído últimamente? ¿Eráis #TeamEdward o #TeamJacob? ¡Os leo!

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